El conflicto en la región sumó un nuevo frente tras el ingreso activo de los hutíes de Yemen, que lanzaron ataques contra Israel. Mientras tanto, Estados Unidos despliega más tropas en Medio Oriente y evalúa opciones militares, en un escenario de creciente tensión internacional.
La guerra en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo este fin de semana luego de que los rebeldes hutíes de Yemen lanzaran sus primeros ataques contra Israel desde el inicio del conflicto, elevando el riesgo de una confrontación regional de mayor escala que involucre directamente a Irán.
El grupo, alineado con Teherán, confirmó al menos dos ataques con misiles, en una señal de expansión del conflicto más allá de los actores principales.
Estados Unidos refuerza su presencia
En paralelo, Estados Unidos continúa incrementando su despliegue militar en la región. Miles de infantes de marina ya fueron enviados al Golfo, y el primero de los contingentes arribó a bordo de un buque de asalto anfibio.
El Pentágono evalúa incluso operaciones terrestres en Irán, que podrían incluir fuerzas especiales y tropas convencionales, aunque la decisión final depende del presidente Donald Trump.
El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Washington busca mantener “máxima flexibilidad” en su estrategia, sin descartar ninguna opción.
Ataques cruzados en varios frentes
Mientras tanto, Israel intensificó sus bombardeos sobre objetivos en Teherán, apuntando a infraestructura gubernamental iraní. También reanudó ataques en Líbano contra Hezbolá, aliado de Irán.
En uno de esos ataques murieron periodistas y rescatistas libaneses, lo que generó nuevas críticas internacionales.
Por su parte, Irán respondió con ataques con drones y misiles contra Israel y bases estadounidenses en la región, incluyendo objetivos en Arabia Saudita, Kuwait y Bahréin.
Nueva amenaza para el comercio global
La participación de los hutíes introduce un nuevo riesgo para el transporte marítimo internacional. Sus ataques podrían afectar rutas clave en el mar Rojo y el Golfo, en un contexto donde el estrecho de Ormuz ya se encuentra prácticamente cerrado.
Esta vía es estratégica: por allí circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo, por lo que cualquier interrupción impacta directamente en la economía global.
Tensión política y presión interna
El conflicto, que ya lleva un mes, ha dejado miles de muertos y genera presión interna en Estados Unidos, especialmente de cara a las elecciones de medio término.
En distintas ciudades estadounidenses se registraron protestas contra la guerra, mientras Trump alterna entre amenazas de escalada —como atacar infraestructura energética iraní— y señales de apertura a una salida negociada.
Un escenario cada vez más volátil
Desde Irán, el presidente Masoud Pezeshkian advirtió que habrá “represalias enérgicas” si continúan los ataques contra su infraestructura.
Al mismo tiempo, países como Pakistán, Turquía y Arabia Saudita intentan mediar para reducir tensiones, aunque sin avances concretos hasta el momento.
Con múltiples actores involucrados, frentes abiertos y una escalada militar en curso, el conflicto se perfila como uno de los más complejos e inestables de los últimos años, con impacto directo tanto en la seguridad regional como en la economía mundial.
